Lo que ninguna mujer te va a decir a la cara ← volver
Capítulo 1

Por qué ella no está en la misma relación que tú

Llevas semanas con la misma pregunta en la cabeza: qué ha cambiado, si no ha pasado nada. Repasas los últimos meses buscando el día en que se torció, y no lo encuentras.

No lo vas a encontrar, y no porque estés mirando mal, sino porque vosotros dos estáis en la misma pareja y en dos relaciones distintas, y lo que esa relación es para ti y lo que es para ella no se parece casi en nada.

Para un hombre, la relación es una parte de la vida. Una parte importante, de las que más, pero una parte, que está al lado del trabajo, de lo que tenga entre manos y de su gente. Para una mujer es el sitio desde el que mira todo lo demás.

Cuando con su pareja está bien, un día malo en el trabajo se queda en un día malo. Y cuando con su pareja está mal, le puede ir de maravilla en todo lo demás, que llega a casa y sigue estando mal, y encima con la sensación de que no debería, porque en teoría le va bien.

Eso no es una manera de hablar. Cambia lo que cada uno cuenta como problema y lo que cada uno entiende cuando el otro dice una frase, y de ahí sale casi todo lo que no entiendes de ella.

Discutís por la mañana

Discutís por la mañana por una tontería. Un rato después tú ya estás trabajando, y a mediodía le mandas una foto de lo que te has hecho de comer, bastante tranquilo. Ella llega por la tarde a una reunión con la discusión todavía puesta, y no se la ha quitado en todo el día.

Y no es que a ti te importe menos. Es que tú la has dejado en un cajón y has ido a lo siguiente, que es algo que un hombre hace con bastante facilidad y que a ella le cuesta muchísimo más.

Eso tiene una consecuencia práctica que conviene que sepas: cuando tú das una discusión por cerrada, muchas veces la das por cerrada tú solo. Para ti se acabó al colgar. Para ella sigue abierta hasta que vuelve a estar bien contigo, y eso depende de cómo la trates las horas siguientes mucho más que de que el tema quede resuelto.

Tú buscas un problema y ella mira cómo se siente

Me escribió un hombre de treinta y pocos al que su novia había dejado después de cuatro años. Me contaba que lo único que se le ocurrió decirle fue "pero si no ha pasado nada". Y tenía razón. No había pasado nada. No habían discutido, no había habido ninguna crisis, seguían quedando con los amigos de siempre.

Él había estado mirando si había un problema, como se mira cualquier cosa que va regular, y no lo había encontrado. Ella no había repasado nada, porque no miraba la relación desde fuera. Estaba metida dentro todo el rato, sabía cómo se sentía a su lado un martes cualquiera, y con eso le bastaba.

Así que dos personas pueden mirar los mismos seis meses y llegar a conclusiones opuestas sin que ninguna de las dos mienta. Uno busca el fallo y no lo encuentra. La otra lleva medio año notando que a su lado ya no está como estaba.

Y hay una parte de esto que es dura, y es que cuando le preguntas qué ha pasado y no sabe contestarte, casi nunca te está escondiendo algo. No tiene una respuesta que darte. Lo que le pasa no le ha llegado en forma de frase, le ha llegado en forma de cómo se siente los martes, y eso no se cuenta bien. Muchas mujeres solo entienden lo suyo meses después, cuando ya lo han dejado.

Tus logros no cuentan donde tú crees

Te suben el sueldo, te pones en forma, montas algo por tu cuenta y te sale bien. Ella lo ve, lo valora, y se alegra de verdad. Lo que no hace es apuntarlo en cómo estáis los dos. Para eso mira otra cosa, que es cómo estás tú cuando estás con ella.

Un hombre puede tener el mejor año de su vida por fuera y llegar a casa todas las noches tenso y con la cabeza en otro sitio. Lo que ella nota es lo segundo, y lo nota todos los días.

Por eso descoloca tanto oír "pero si lo he hecho todo por nosotros". Puede ser verdad, y normalmente lo es. Lo que pasa es que eso no compensa nada, porque no estaba en la misma balanza en la que ella pesa las cosas.

Y hay algo más, que a casi todos les parece injusto la primera vez que lo oyen. En su balanza, un ascenso y un café que le llevas a la cama pesan más o menos lo mismo. Una cosa cada uno. Tú llevas meses aguantando en un trabajo horrible para pagar la hipoteca y das por hecho que eso cuenta por veinte, y ella lo agradece muchísimo, pero sigue contando por uno, porque lo que a ella la sostiene es lo pequeño repetido y no lo grande de vez en cuando. Un hombre que entiende esto deja de matarse por el gesto enorme del mes que viene y se pone a estar presente los martes.

Si quieres saber cómo va lo vuestro, mira cómo llegas tú a casa.

Qué es estar enamorada para una mujer

Cuando una mujer dice que está enamorada, casi todos los hombres entienden que siente mucho. Y sentir mucho está muy bien, pero no es lo que la sostiene. Una mujer puede sentir muchísimo por alguien, pasarlo fatal con él y saber perfectamente que aquello no va a ninguna parte. Casi todas tienen uno así, y no se quedaron con él.

Lo que de verdad busca es poder estar tranquila con alguien. Y estar tranquila son tres cosas bastante concretas.

La primera, no tener que decidirlo todo. Dónde vais, qué hacéis el sábado, cuándo toca hablar de lo que hay que hablar. Una mujer decide muchísimo a lo largo del día, y lo que la agota no son las decisiones grandes, es ir decidiendo lo pequeño por dos, todos los días, mientras el otro espera a que ella elija para estar de acuerdo.

La segunda, poder tener un mal día sin que el mal día se convierta en el problema de los dos. Si llega seca un martes y tú te preocupas, y le preguntas tres veces qué le pasa, y se te queda cara de disgusto, su martes malo se convierte en tu martes malo, y entonces tiene que ocuparse de los dos.

La tercera, notar que te fijas en ella, y sobre todo en lo que hace bien. Con eso crece. Un hombre que corrige a su pareja por todo, cómo conduce, cómo cuenta las cosas, en dos años la deja más pequeña de lo que la encontró, y casi siempre sin enterarse.

A mí, de las tres, la que más me ha pesado siempre ha sido la primera. Y es bastante menos de película de lo que te esperabas, ya lo sé, pero enamorarse es eso.

Lo que dice es cómo se siente, no lo que ha decidido

Le preguntas si le apetece salir y te dice que no. Una hora después está vestida y con ganas, porque la ha llamado una amiga o porque se le ha pasado lo que fuera. Y tú le dices, molesto, que había dicho que no le apetecía. No te ha mentido. Hace una hora no le apetecía y ahora sí.

Un hombre dice las cosas para dejarlas dichas. Si dice que no le apetece, es que no le apetece, y la frase queda ahí como un acuerdo. Una mujer habla mucho más para decir cómo se siente en ese momento. Lo que dice sale de cómo está, y cómo está cambia. Cuando te suelta un "estoy bien" con una cara que dice lo contrario, te está diciendo lo que puede decir en ese segundo.

Si tú te quedas con la frase y la tratas como un contrato, te vas a descolocar cada vez que cambie, y vas a acabar reprochándole cosas que dijo ayer sintiéndose de otra manera. Y eso, para ella, es la prueba de que no la escuchas: le estás discutiendo la letra en vez de mirar de dónde salía.

Con lo que ya pasó, igual. Se enfada contigo y tú contestas "llevo meses portándome bien". Puede ser cierto, y aun así no sirve. Lo que ella siente contigo hoy le pesa mucho más que lo que sintió en marzo, y sacarle el historial le dice que lo de ahora no cuenta.

Su ánimo va según el tuyo

Una mujer lee cómo está su pareja antes de saber cómo está ella. Lo hace sin querer, todos los días, en cuanto entras por la puerta. Si entras con ganas y con la cabeza donde estás, se le cambia la cara sin que tú hagas nada especial.

Si entras tenso, o contestando al móvil cada dos minutos, se le va cayendo el ánimo aunque su día hubiera sido bueno. Ánimo propio tiene, y mucho, pero el tuyo le pesa, y a ti el suyo no te pesa igual, así que es normal que no lo veas. A mí me costó años darme cuenta de esto en mí misma.

Y aquí se equivoca casi todo el mundo. Cuando la ves apagada, lo primero que haces es ponerte a arreglar lo que le pasa a ella: le preguntas qué tiene, y si te dice que nada te quedas dándole vueltas tú solo.

Y muchas veces una buena parte de la causa es cómo has estado tú a su lado las últimas semanas. Así que si quieres saber por qué está rara, mira eso primero. Ella tiene sus cosas, claro que las tiene, y a veces lo que le pasa no tiene nada que ver contigo. Lo tuyo es simplemente lo último que se te ocurre mirar, y es la única parte que puedes tocar. Que sea la tuya no quiere decir que sea tu culpa.

Seguro que has tenido domingos de los dos tipos. Uno en el que salís a hacer algo y tú vas con la cabeza en el lunes, sin muchas ganas; ella no dice nada, pero a la media hora está seca y tú no entiendes de dónde ha salido eso.

Y otro en el que estás de buen humor, con ganas de estar ahí, y ella se ríe de cualquier tontería y te abraza sin motivo. Lo único distinto entre un domingo y otro eras tú.


Ahora, lo que pasa cuando te pones a arreglar lo que le pasa a ella en vez de mirar cómo estás tú. Lo hace casi todo el mundo y es lo que la aleja.

Esto era el capítulo 1 de veintinueve.

El resto del libro sigue por la Parte II: el hombre con el que una mujer no se apaga, y qué hace distinto.

Y por el manual de las catorce situaciones, con qué está pasando por dentro, qué vas a querer hacer y las palabras exactas para cada una.